¿La disciplina positiva funciona con adolescentes?
Criar a un adolescente es todo un reto. Un día de la nada, las reglas que antes aceptaba sin problema pueden convertirse en una discusión, quiere tener más libertad y muchas veces parece que cualquier límite le molesta.
La disciplina positiva propone una forma de acompañar a los hijos con respeto, escuchar lo que tienen que decir y poner límites. Pero ¿funciona igual cuando llegan a la adolescencia?
Entender cómo llevarla a casa puede ayudar a saber qué hacer frente a las discusiones, los límites y esa necesidad de independencia que aparece en esta etapa.
¿Qué es la disciplina positiva?
La disciplina positiva es una forma de crianza que busca enseñar a los hijos cómo manejar distintas situaciones de la vida mientras se sienten escuchados y respetados.
Su propuesta parte de la idea de que los límites pueden mantenerse con firmeza y cariño, sin recurrir a gritos, castigos o un control constante.
Esta propuesta fue desarrollado por la psicóloga educativa Jane Nelsen y está basado en las ideas de Alfred Adler, quien señalaba la importancia de que las personas se sientan parte de su familia y sepan que pueden aportar algo dentro de ella.
Los cinco criterios de la disciplina positiva
De acuerdo con Jane Nelsen, la disciplina positiva tiene cinco puntos base:
- Sentirse parte de la familia: El adolescente sabe que es importante para su familia y que su opinión cuenta.
- Trato respetuoso y amable: Los adultos mantienen los límites con firmeza, pero sin humillar, amenazar o intentar controlar cada aspecto de la vida del joven.
- Buscar soluciones: Cuando surge un problema, se busca una forma de resolverlo y aprender de lo ocurrido en lugar de centrarse en un castigo.
- Aprender habilidades para la vida: Las situaciones cotidianas pueden ayudar a desarrollar responsabilidad, cooperación, capacidad para resolver problemas y control de las emociones.
- Confiar en sus capacidades: Se da espacio para que el adolescente tome decisiones, aprenda de sus errores y gane confianza en lo que puede hacer por sí mismo.
Hablar con tu hijo sobre sus amistades también puede ser importante cuando empiezas a notar malas amistades en la adolescencia.
¿Por qué la disciplina positiva es esencial en la adolescencia?
La adolescencia trae una serie de cambios importantes en la forma en que los jóvenes piensan, sienten y toman decisiones. Su cerebro todavía está en desarrollo y, al mismo tiempo, empiezan a querer tener más control sobre su vida.
Quieren elegir qué hacer, con quién convivir, cómo vestirse, qué actividades realizar y hasta qué cosas prefieren mantener en privado.
Esta búsqueda de independencia puede generar roces en casa. Cuando los padres intentan controlar cada decisión o imponen reglas sin permitir que el adolescente exprese lo que piensa, es común que aparezca rechazo, discusiones o una mayor necesidad de llevar la contraria.
En el extremo opuesto, dejar que haga todo lo que quiera también puede ser un problema, porque todavía necesita orientación para aprender a tomar buenas decisiones.
La disciplina positiva puede ocupar un punto medio entre estas dos situaciones. Permite que los padres sigan siendo una figura de autoridad, mientras dan al adolescente cierto espacio para participar en las decisiones que afectan su vida.
Ayuda a cuidar la relación entre padres e hijos
Las discusiones forman parte de la convivencia, pero la manera de enfrentarlas puede influir mucho en la relación. Cuando el adolescente siente que puede hablar sin recibir insultos, burlas o amenazas, es más probable que se acerque a sus padres cuando tenga un problema.
Esto es muy importante durante una etapa en la que los amigos y otros espacios fuera de casa empiezan a tener mayor peso.
Mantener una relación cercana permite que el adolescente siga teniendo en sus padres una fuente de orientación cuando necesite ayuda.
Le permite aprender de sus decisiones
A medida que crece, el adolescente tendrá que tomar decisiones por su cuenta. Algunas serán las adecuadas y otras pueden terminar en errores. La disciplina positiva busca que estas experiencias también sirvan para aprender.
En lugar de resolverle todo o castigarlo cada vez que se equivoca, los padres pueden ayudarlo a revisar qué ocurrió, qué pudo hacer de otra manera y qué puede cambiar la próxima vez.
Así, poco a poco, aprende a hacerse responsable de sus decisiones.
Evita que la autoridad dependa del miedo
Una regla puede cumplirse porque el adolescente tiene miedo de recibir un castigo, pero eso no significa que haya entendido por qué existe.
La disciplina positiva busca que las normas tengan sentido para él y que pueda comprender las consecuencias de sus decisiones.
Esto puede hacer que los límites sean más fáciles de mantener con el paso del tiempo, especialmente cuando los padres ya no pueden supervisar cada cosa que hace su hijo.

¿Qué dice la ciencia sobre la disciplina positiva?
La disciplina positiva cuenta con investigaciones que han encontrado resultados favorables en adolescentes, aunque todavía hace falta más evidencia para saber qué estrategias funcionan mejor y durante cuánto tiempo.
Además, algunos estudios analizan programas específicos de disciplina positiva, mientras que otros estudian estilos de crianza que comparten varios de sus principios.
Un estudio realizado en Huánuco, Perú
Uno de los estudios más recientes se publicó en 2025 y se realizó en Huánuco, Perú. Se titula “Impacto de un programa educativo en disciplina positiva, socialización parental e inteligencia emocional en adolescentes de Huánuco, Perú” y fue publicado en la revista Revista Multidisciplinaria (SciELO Venezuela)
La investigación estuvo a cargo de Y. Hidalgo-Jara y colaboradores y buscó conocer qué cambios podían presentarse después de aplicar un programa de disciplina positiva durante 10 semanas, en el que participaron adolescentes y sus familias.
Los resultados fueron bastante interesantes. Después del programa:
- Disminuyó la percepción de comportamientos autoritarios por parte de los padres.
- Aumentó la presencia del estilo de crianza autoritativo, que combina cercanía con reglas claras.
- Se encontraron mejoras en algunas áreas de la inteligencia emocional, tanto en el manejo de las propias emociones como en la relación con otras personas.
- También hubo cambios favorables en el manejo del estrés.
- Los investigadores reportaron una mejor comunicación y un ambiente familiar más comprensivo.
Por ejemplo, en el caso de las madres, el estilo autoritario pasó de 78% antes del programa a 57% después de la intervención. En los padres, bajó de 23.8% a 14.3%. Al mismo tiempo, aumentó el estilo autoritativo en ambos casos.
El estudio tiene una limitación importante. Se trabajó con un grupo pequeño y los investigadores señalan que hacen falta estudios con más participantes y seguimiento durante más tiempo. Por eso, estos resultados son alentadores, pero no significan que el mismo programa vaya a funcionar de la misma manera en todas las familias.
¿Qué dicen otros estudios sobre la crianza de adolescentes?
También existe una revisión de investigaciones que ayuda a poner estos resultados en contexto. Se trata de “The Relationship of Parenting Styles to the Psychological Well-Being of Adolescents: A Systematic Review”, publicada en 2026 en Klabat Journal of Nursing.
El trabajo fue realizado por investigadores de Universitas Klabat, en Indonesia, y revisó 41 estudios publicados entre 2014 y 2024, relacionados con los estilos de crianza y el bienestar psicológico de personas de entre 10 y 24 años.
Los resultados encontraron una relación frecuente entre el estilo autoritativo y aspectos como una mejor capacidad para manejar las emociones, mayor resiliencia y mejor rendimiento académico.
En cambio, el estilo autoritario apareció relacionado con más ansiedad, menor autoestima y mayor malestar psicológico. El estilo permisivo tuvo algunos resultados relacionados con la autonomía, pero también presentó dificultades cuando había pocas reglas o estas no eran constantes.
Aquí hay que hacer una aclaración importante. Esta revisión no estudió directamente la disciplina positiva. Analizó estilos de crianza.
Por eso, sus resultados pueden ayudar a entender por qué algunas ideas de la disciplina positiva pueden ser útiles, pero no deben tomarse como una prueba directa de que la disciplina positiva funciona.
¿Y qué pasa en las escuelas?
La disciplina positiva también se ha estudiado en ambientes escolares. Una revisión publicada en 2025, titulada “A Systematic Review of Positive Discipline and School Organization on School Climate”, analizó investigaciones sobre la relación entre estas prácticas y el ambiente escolar.
El trabajo encontró resultados favorables relacionados con la convivencia en las escuelas, como una reducción de problemas disciplinarios y de algunas conductas violentas, además de mejoras en las habilidades sociales y emocionales de los estudiantes.
Esto resulta interesante porque muestra que la manera de poner límites y corregir conductas puede tener efectos en la convivencia. Aun así, los resultados de una escuela no pueden trasladarse directamente a lo que ocurre dentro de una familia. Son situaciones diferentes y cada una tiene sus propios retos.
Entonces, ¿la disciplina positiva funciona?
Hasta ahora, la respuesta más honesta es sí hay resultados que apuntan a que puede ser útil, pero todavía no existe evidencia suficiente para decir que funciona igual con todos los adolescentes.
Las investigaciones disponibles muestran cambios favorables en áreas como la inteligencia emocional, el manejo del estrés, la relación entre padres e hijos y la convivencia. También encontramos evidencia sobre los beneficios de un estilo de crianza que combina cercanía con límites claros.
Por eso, más que esperar una fórmula mágica, la disciplina positiva puede entenderse como una manera de relacionarse con los adolescentes que tiene respaldo en diferentes líneas de investigación y que todavía sigue siendo estudiada.

Diferencias entre disciplina positiva vs disciplina tradicional
Aunque las dos buscan orientar el comportamiento de los hijos, la forma de hacerlo puede ser muy diferente. En la adolescencia, estas diferencias pueden notarse todavía más, especialmente cuando empiezan las discusiones por las reglas, los permisos o las decisiones personales.
La disciplina tradicional suele poner el énfasis en que el adolescente cumpla las reglas porque una figura adulta lo ordena. La disciplina positiva busca que también entienda el motivo de esas reglas y tenga un papel activo en algunas decisiones.
La siguiente tabla permite ver de manera sencilla cómo cambia la forma de comunicarse, corregir errores, tomar decisiones y establecer consecuencias en cada enfoque.
| Dimensión | Disciplina tradicional (autoritaria) | Disciplina positiva (autoritativa) |
|---|---|---|
| Base del control | Miedo al castigo y obediencia | Respeto y comprensión de las reglas |
| Comunicación | El padre o la madre ordena y el hijo obedece | Hay diálogo y se escucha al adolescente |
| Enfoque en los errores | Se castiga para evitar que vuelva a ocurrir | Se busca entender qué pasó y aprender de ello |
| Toma de decisiones | El adulto decide | Se permite participar al adolescente cuando es adecuado |
| Consecuencias | Pueden ser castigos que no tienen relación con lo ocurrido | Se buscan consecuencias relacionadas con la conducta |
| Relación emocional | Puede generar distancia, miedo o resentimiento | Busca mantener confianza, cercanía y respeto |
| Resultado a largo plazo | Puede conseguir obediencia, pero también generar resistencia | Busca desarrollar responsabilidad y capacidad para tomar decisiones |
También es importante estar atentos a cómo se siente consigo mismo, ya que algunas conductas pueden ser 10 señales de que una adolescente está lidiando con baja autoestima.
¿Qué NO es disciplina positiva?
Cuando se escucha hablar de disciplina positiva, es fácil pensar que significa dejar que los hijos hagan lo que quieran o evitar cualquier discusión.
En realidad, la idea es bastante diferente. La disciplina positiva también pone límites y tiene reglas, pero busca que estos se apliquen de una manera respetuosa.
- No significa dejar pasar todo: Un adolescente necesita límites y reglas que se mantengan de forma constante.
- No significa evitar las discusiones: Los conflictos van a aparecer. La idea es aprender a hablar de ellos y buscar una solución sin gritos ni humillaciones.
- No significa que el adolescente haga lo que quiera: Los padres siguen teniendo autoridad y pueden decir que no cuando una situación lo requiere.
- No es una forma de manipular: El respeto y la comunicación son reales. No se trata de usar palabras bonitas o técnicas para conseguir que el adolescente haga lo que los padres quieren.
- No es algo que salga perfecto desde el primer día: Habrá momentos difíciles, errores y situaciones en las que los padres perderán la paciencia. Aprender a aplicar este enfoque requiere práctica y constancia.
Principios fundamentales de la disciplina positiva con adolescentes
Aplicar la disciplina positiva en casa implica cambiar algunas formas de reaccionar frente a los problemas cotidianos. Cuando un adolescente contesta mal, incumple una regla o toma una mala decisión, la respuesta de los adultos puede convertirse en una oportunidad para enseñarle algo que le servirá más adelante.
Estos son algunos de los principios que pueden ayudar a llevar este enfoque a situaciones reales.
1. Conexión antes que corrección
Cuando un adolescente está muy enojado, frustrado o alterado, suele ser difícil que escuche lo que sus padres quieren decirle. Por eso, antes de entrar en una discusión o intentar corregirlo, puede ser mejor darle un momento para calmarse y tratar de entender qué le está pasando.
Esto puede empezar con cosas sencillas:
- Dejar que explique lo que pasó sin interrumpirlo.
- Preguntarle qué ocurrió desde su punto de vista.
- Reconocer lo que siente, aunque la forma en que actuó no haya sido correcta.
- Evitar hablar del problema cuando alguno de los dos está demasiado enojado.
- Decir algo como: “Entiendo que estés muy molesto. Cuando estemos más tranquilos, hablamos de lo que pasó”.
Escuchar no significa darle la razón en todo. Significa mostrarle que sus sentimientos pueden hablarse y que también tendrá que hacerse responsable de sus acciones.
2. Firmeza y amabilidad al mismo tiempo
Poner límites con respeto no significa que los padres tengan que ceder cada vez que el adolescente se molesta. Hay reglas que pueden mantenerse firmes, especialmente cuando tienen que ver con su seguridad o bienestar.
La clave está en cuidar la manera de hacerlo.
Firmeza sin ser duros:
- Explica claramente qué regla debe cumplir.
- Mantén las consecuencias acordadas con anterioridad.
- Evita amenazar con cosas que después no vas a cumplir.
- Sé claro cuando una situación no está abierta a negociación.
Amabilidad sin dejar pasar todo:
- Habla con respeto, incluso cuando estés molesto.
- Toma en cuenta lo que el adolescente piensa y siente.
- Evita los gritos, insultos, burlas o humillaciones.
- Recuerda que poner un límite no requiere hacer sentir mal al adolescente.
3. Enseñar habilidades, no solamente corregir conductas
Cuando un adolescente tiene problemas para organizarse, cumplir con sus responsabilidades o controlar sus reacciones, decirle que está haciendo las cosas mal puede no ser suficiente.
También necesita aprender qué puede hacer diferente.
Por ejemplo:
- Si no hace sus tareas, pueden revisar juntos cómo organizar su tiempo.
- Si llega tarde constantemente, pueden buscar una forma más realista de calcular cuánto tiempo necesita para llegar a casa.
- Si responde de manera agresiva, pueden hablar sobre otras formas de expresar el enojo y practicar cómo hacerlo.
- Si olvida sus responsabilidades, pueden buscar herramientas que le ayuden a recordarlas.
La idea es que poco a poco pueda hacer estas cosas por sí mismo. Los padres siguen acompañando, pero el adolescente va ganando herramientas para manejar mejor las situaciones que se presentan.
4. Buscar soluciones en lugar de centrarse en el castigo
Cuando ocurre algo que rompe una regla, es fácil reaccionar con un castigo en el momento. Sin embargo, también puede ser una oportunidad para hablar sobre lo ocurrido y pensar qué se puede hacer diferente.
Por ejemplo, si llegó más tarde de la hora acordada, en lugar de decirle inmediatamente “te voy a quitar el celular durante un mes”, se puede hablar sobre lo que pasó y buscar una consecuencia relacionada con la situación.
Una conversación podría comenzar así:
“Llegaste tarde y nos preocupamos porque no sabíamos dónde estabas. ¿Qué podríamos hacer para que esto no vuelva a pasar?”
Esto permite que el adolescente participe en la búsqueda de una solución y entienda que sus decisiones tienen consecuencias.
5. El respeto debe ir en los dos sentidos
El respeto que los padres esperan de sus hijos también tiene que estar presente en la forma en que ellos hablan y actúan. Esto no significa que padres y adolescentes tengan exactamente la misma responsabilidad o autoridad, pero sí que todos merecen ser tratados con dignidad.
Algunas formas de ponerlo en práctica son:
- Hablar sin sarcasmos, insultos o etiquetas.
- Evitar compararlo con sus hermanos, amigos o compañeros.
- Escuchar su opinión aunque la decisión final sea de los padres.
- Reconocer cuando se cometió un error.
- Pedir disculpas cuando sea necesario.
- Involucrarlo en algunos acuerdos que afectan la convivencia familiar.
Un adolescente también aprende observando a los adultos. Si ve que sus padres pueden reconocer un error, hablar con respeto y cambiar de opinión cuando tienen una buena razón, recibe un ejemplo que puede llevar consigo a sus propias relaciones.
El uso del celular también puede generar discusiones en casa, por eso es importante aprender a poner límites sanos al uso del celular en adolescentes.
Estrategias prácticas de disciplina positiva para adolescentes
Saber qué propone la disciplina positiva es una cosa y llevarla a la práctica en casa es otra. Las situaciones del día a día, como los permisos, las tareas, el uso del dinero o el auto, pueden servir para poner en práctica este enfoque de una manera sencilla.
Establecer límites claros con flexibilidad
A esta edad, algunas reglas pueden ir cambiando conforme el adolescente demuestra que puede manejar más responsabilidades. Esto permite que los límites se ajusten a su crecimiento sin perder de vista lo que necesita para estar seguro.
Al establecer una regla, pueden servir estos pasos:
- Habla de ella antes de que surja un problema: Si quieres establecer una hora de llegada, es mejor hablarlo antes de que tenga una salida y no cuando ya esté afuera.
- Da una razón que pueda entender: En lugar de decir “porque yo lo digo”, explica qué hay detrás de la regla. Por ejemplo: “Necesitamos que estés en casa a esa hora para saber que estás bien”.
- Deja espacio para elegir cuando sea posible: Algunas decisiones pueden quedar en manos del adolescente. Por ejemplo, puede elegir entre hacer primero la tarea o una actividad de la casa, siempre que ambas queden terminadas.
- Revisa las reglas de vez en cuando: Si una regla ya quedó pequeña para su edad o sus responsabilidades cambiaron, pueden hablar sobre ella y decidir si necesita modificarse.
- Ajusta los acuerdos según la situación: No todos los días son iguales. Un cumpleaños, un viaje escolar o una ocasión especial pueden requerir un horario diferente.
La flexibilidad no significa cambiar las reglas cada vez que el adolescente protesta. Significa reconocer que está creciendo y que algunas responsabilidades pueden darle mayor libertad con el tiempo.
Consecuencias lógicas vs. castigos
Una consecuencia lógica tiene relación con lo que ocurrió. La intención es que el adolescente se haga cargo de lo que hizo y repare, en la medida de lo posible, el problema que causó.
| Situación | Castigo tradicional | Consecuencia lógica |
|---|---|---|
| No hace la tarea | Quitarle el celular durante una semana | Terminar la tarea antes de dedicar tiempo a actividades de ocio |
| Llega tarde a casa | Prohibirle salir el fin de semana | Ajustar la siguiente salida hasta que vuelva a cumplir el horario acordado |
| Deja la habitación desordenada | Regañarlo durante varios días | Recoger sus cosas y hacerse cargo de la ropa que dejó tirada |
| Usa el auto sin permiso | Quitarle las llaves durante un mes | Dejar de usar el auto por un tiempo y recuperar ese permiso cuando vuelva a respetar el acuerdo |
| Gasta su dinero en algo que no necesitaba | Darle más dinero | Esperar hasta la siguiente fecha acordada para recibir dinero |
La diferencia está en que la respuesta tiene relación con lo ocurrido. Si usa el auto sin permiso, por ejemplo, tiene sentido que deje de usarlo durante un tiempo. Quitarle algo que no tiene relación con el problema puede hacer que se concentre en el castigo y no en lo que necesita aprender.
Entender lo que hay detrás de sus cambios de humor puede ayudarte a sobrellevar los cambios emocionales de los hijos adolescentes.
Negociar acuerdos en lugar de imponer reglas
Con un adolescente, algunas reglas pueden funcionar mejor cuando se hablan y se dejan claras entre todos. Esto puede aplicarse a temas como los horarios, las tareas de la casa, el uso de pantallas, las salidas o el dinero.
Una forma sencilla de hacerlo es sentarse en un momento tranquilo y hablar sobre cuatro cosas:
- Qué necesita hacer cada persona.
- Qué espera cada uno de los demás.
- Qué puede pasar si el acuerdo no se cumple.
- Cuándo volverán a revisar si está funcionando.
Por ejemplo, si el problema son las llegadas tarde, pueden acordar una hora, la forma de avisar si surge un imprevisto y qué ocurrirá cuando no se respete el horario.
También es útil poner los acuerdos por escrito cuando se trata de temas que suelen generar discusiones. No tiene que ser un documento complicado. Puede ser una lista breve que todos conozcan y puedan consultar.
Conforme el adolescente demuestra que puede cumplir lo acordado, algunos límites pueden modificarse. De esta manera, los acuerdos también pueden convertirse en una forma de darle más libertad de manera gradual.

La disciplina positiva puede ser una buena forma de acompañar a los adolescentes durante una etapa llena de cambios. Su propuesta permite mantener reglas y límites mientras se les da espacio para crecer, tomar decisiones y hacerse responsables de lo que hacen.
La evidencia disponible muestra resultados interesantes en aspectos como la inteligencia emocional, el manejo del estrés y la convivencia familiar, aunque todavía hacen falta más estudios para conocer sus efectos a largo plazo.
En casa, llevar este enfoque a la práctica puede empezar con cambios pequeños. Hablar antes de reaccionar, escuchar lo que el adolescente tiene que decir, buscar consecuencias relacionadas con lo ocurrido y revisar los acuerdos cuando sea necesario puede ayudar a que las reglas tengan más sentido.
También es importante recordar que ningún padre o madre lo hará perfecto. Habrá días de paciencia y otros en los que una discusión terminará en gritos. Lo importante es poder reconocer lo ocurrido, volver a intentarlo y seguir construyendo una relación en la que el adolescente pueda crecer con libertad, responsabilidad y confianza.
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