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Cómo criar sin repetir las heridas de tu infancia

La maternidad es una de las experiencias más increíbles, pero también está plasmada en muchos retos y nuevos aprendizajes, uno de los más importantes es el autoconocimiento y la corrección de patrones que duelen pero que se han vuelto parte de ti sin darte cuenta. Es por eso que hoy decidí escribir sobre un tema muy importante, cómo criar sin repetir las heridas de la infancia, exploraremos qué son, y algunos pasos que te ayudarán a lograrlo, con paciencia y mucho amor todo es posible. Iniciemos

¿Qué son las heridas de infancia?

Seguramente has escuchado este concepto en varias ocasiones, pero nadie se detiene a explicar a qué se refiere o incluso cómo identificarlas. Las heridas hacen referencia a esas experiencias que en su momento dolieron, lastimaron y que por lo regular se daban de manera repetida, tanto así que se quedo en la memoria como algo importante o lleno de significados, incluso puede que te este llevando a tomar decisiones relevantes en tu día a día, es necesario mencionar que no siempre es fácil identificarlas, muchas veces nos queda claro cuáles son pero muchas otras ocasiones aprendemos a normalizarlas, a considerarlas como algo cotidiano y damos por hecho que así deberían ser las cosas.

Sin darnos cuenta empezamos a reproducirlo con quienes amamos, por ejemplo, si aprendimos a obedecer a partir de gritos o golpes, aunque en su momento lloramos, dolió y nos sentimos muy mal cuando lo hacían con nosotros, es posible que sea la manera en que consideramos que se aprende y así es como tú también resuelves las cosas, incluso hay personas que se enfrentan a identificar que no esta bien pero no saben cuáles son las alternativas.

Hasta que alguien viene y te hace notar que hay otras formas o puedes observar las consecuencias o el dolor del otro es cuando puedes identificar más claramente que se trata de una herida, esta metáfora de la herida nos ayuda a identificar que es posible curarla y que no tiene por qué tener un impacto mayor, solo nos enseña cosas, pero después del proceso podemos vivir con normalidad y sobre todo tranquilidad.

Ahora en muchas ocasiones estos patrones es decir, conductas repetidas que dañan pueden adquirirse en la infancia, o sea los primeros años de vida y sobre todo se suele relacionar con aprendizajes de la familia, sin embargo, algo que no debemos perder de vista es que podemos tener muchas «heridas» o conductas producto de otros momentos de vida, incluso en la adultez y también pueden venir de otras personas como por ejemplo, familia extendida, de la escuela, amistades, parejas, etc. Por eso es que mi mayor recomendación es que cuando hagas este análisis pienses en todas las etapas de tu vida y tus muy diversas experiencias. Ahora sí, te ayudo a analizarlas para poder evitarlas.

Recuerda y escucha a los demás

El primer paso es identificar cuáles son esas conductas que no deseas repetir y que pueden dañar, tanto a ti como a las personas que te rodean, así que es momento de sentarte y recordar cuál era la manera en que te trataban durante tu infancia o en diferentes momentos de vida, si es que deseas explorar todo, eso sí, ve en orden para que no te pierdas. Aquí te dejo algunas preguntas que seguramente te ayudarán a poder recordar con mayor facilidad:

Infancia y adolescencia:

¿Qué recuerdas que te causaba incomodidad y tristeza en cuanto al trato con otros adultos y niños? ¿Quién de tu alrededor te causaba más miedo o te imponía una sensación de lejanía?¿Cuáles eran las características de esta o estas personas y cuáles son los recuerdos que tienes más presentes?

¿Cuál era la reacción común en casa cuando cometías un error?¿Qué sientes cuando no logras las cosas y de dónde crees que surgió? ¿Qué era lo que te prohibían o por lo que te regañaban más? ¿Te sentías escuchado? ¿En qué momentos sí y cuáles no? ¿Solías mentir? ¿bajo qué circunstancias? ¿Qué comentarios consideras que dolieron o lastimaron? ¿Qué aspectos aprendiste que no te gustaban de ti por lo que otros te dijeron? ¿Qué temas son los que se te complicaban más abordar en familia? ¿En qué momentos experimentaste mayor soledad? ¿Qué acciones hacían tus familiares cuando no cumplías con lo deseado? ¿Sobre qué temas te hubiera gustado recibir consejos? etc.

Todas estas preguntas te irán llevando a otras y a muchas respuestas que te permitirán identificar todo aquello que no deseas repetir y lo más importante es recordar que aunque mucho de eso parecería no haber tenido una consecuencia en ti, si lo recuerdas o identificas como algo que no se siente correcto, también tómalo en cuenta porque existen actitudes que pueden lastimar aunque a ti no te cause tanto efecto.

Segundo paso pregunta, la verdad es que muchas veces necesitamos un pequeño reflejo para conocernos mejor, eso si, ojo con qué voz escuchamos porque el hecho de que te digan que hay algo en ti que lastima o duele, también cuesta y es bastante fuerte, entonces elige personas que sabes te dirán la verdad pero lo harán con amor y asertividad, sino las encuentras o no te sientes lista, puedes saltar este paso.

En caso que te animes la pregunta que harías sería ¿Hay algún comentario o conducta que consideres que pude haber hecho de mejor manera? ¿Existe algo que realice constantemente que pueda estar lastimando la relación o causando emociones no agradables? Una vez que tengas las respuestas, agradecemos e identificamos de dónde vienen, de qué parte de nuestra historia y recordamos contextualizar, más que culpar o sentirnos mal, es momento de enfocarnos en aquello que podemos mejorar.

Disculpa y contextualiza

Hacer esta tarea no es nada sencillo, entonces ve despacio y recuerda que es un proceso, no corras, toma el tiempo que sea necesario. Es posible que muchas emociones vengan a ti, sobre todo el enojo y tristeza, puede que te den ganas de hablar con las personas que no hicieron las cosas como las necesitabas pero antes de ir a reclamar es necesario contextualizar y recordar que en ocasiones hacemos las cosas con los recursos que tenemos, no se trata de justificar, pero si de notar el paso tan grande que estas dando generacionalmente y recordar que no puedes modificar a tu familia de origen o hacerles ver las cosas como tú las ves porque han vivido cosas muy diferentes, la herida no se cura directamente pidiendo a alguien que lo remedie sino anualizándolo y cambiando la realidad, no somos responsables de lo que no has pasado pero si de de qué hacemos con eso, la manera en que lo usamos para nuestro bienestar.

Si en su momento identificas que hay cosas que se siguen repitiendo entre tú y tu familia a la actualidad que siguen lastimando, puedes poner límites y hablar del tema más abiertamente para modificar la realidad actual, pero si se trata del pasado es posible que sea una charla mucho más pesada y que aunque no está mal intentarlo no es toda la respuesta.

También es posible que vengan a ti sensaciones de culpa sobre conductas que tú repites y notar que le duelen a otras personas, pero recuerda que antes tú no lo veías igual, no lo notabas o entendías con esta intensidad por lo que es momento de mover la culpa para dar paso a la responsabilidad es decir, preguntarte ¿Qué puedo hacer para no repetir la historia? Ser compasiva contigo, contextualizar y aceptar responsabilidades es parte del proceso. No te castigues, estás intentando hacer cosas diferentes.

Identifica lo que sí te gustaba o lo que necesitabas

Siempre hay una contraparte en la historia, y es que esas acciones que dolieron también pudieron haber sanado con otras personas o incluso con ejemplos que veías por ahí, así que es momento de pensar no solo en lo que no deseas sino en aquello que te salvó, que evitó heridas para no darlo por hecho. Piensa en qué cosas sanaron tu corazón, qué te cuidó y cómo fue, eso te dará una guía importante de acción. De igual manera pensar en qué necesitabas es muy valioso, recordar tus emociones y lo que hubieras deseado. Si estás en un momento en el que este deseo de cambio llega con tu hijo o hija ya presentes y en una edad en la que pueden expresarse, escucha, habla con ellos sobre qué necesitan, qué les hubiera gustado obtener de ti y aprende a negociar con ellos, no saldrá perfecto al inicio, pero intentarlo hará toda la diferencia.

Aprende sobre crianza positiva

Una vez que tengas bien identificado todo aquello que no deseas ser ni hacer y lo que sí, es momento de hacer nuestra lista para recordar cada ámbito y buscar nuevas formas de vivir. Así es, no solo se trata de identificar sino de resolver la gran pregunta ¿Ahora cómo lo hago? porque es lo primero que pasa, un montón de temor porque no sabes cómo reaccionar o si funciona para el bien de tus hijos. Entonces busca expertos en el tema, la psicología tiene un ámbito muy amplio sobre crianza y formas de reaccionar ante diferentes situaciones.

Busca perfiles de personas con cédula profesional y experiencia, busca libros, revistas, todo lo que tenga un respaldo científico para aprender sobre crianza positiva. Es posible que este método de enseñanza sea tu mejor aliado, pues consta de aprender a poner límites claros a los niños, enseñarles y acompañarlos, pero siempre evitando castigos físicos o cualquier comentario que pueda herirlos, es un recordatorio de que se puede criar sin tener que ser duros o poco empáticos con las infancias.

Una parte del trabajo consta de aprender la teoría y otra buscar qué pasa con otras madres cuando lo intentan y cómo van resolviendo, porque eso si, no saldrá perfecto porque somos personas y los niños son muy impredecibles a veces, entonces, como respaldo puedes seguir cuentas de mamás que más que dar consejos brinden otra cara, te cuenten cómo les va, sus dificultades, sus reflexiones, como una manera de seguir analizando para ir y buscar más opciones en tu teoría, mantén este equilibrio y sobre todo busca sentirte acompañada en este proceso porque los cambios jamás son sencillos.

Aprende sobre regulación emocional propia

No solo es cosa de aprender nuevas formas de relacionarnos sino estar muy conscientes de que cada cambio traerá consigo un montón de movimiento emocional, muchas veces será agradable y sentirás orgullo de lo que estas logrando, verás cómo tus esfuerzos se ven reflejados en tu peque y cómo tanto esfuerzo vale la pena pero también tendrás días en los que la frustración será tu mayor acompañante, y es el momento para aprender a regular tus emociones, a lo que me refiero es a que primero deberás identificarlas y darles un nombre, observar cómo es que normalmente reaccionas frente a ellas y aprender a detenerte, deberás analizar e intentar procesarlas de formas diversas hasta que encuentres un modo en el que no te las quedes y explotes porque ya no puedes más pero tampoco te desbordes al punto de no saber qué hacer con ellas, el equilibrio se va encontrando poco a poco.

Algo que también hay que destacar es que debes abrazar tu proceso, tener paciencia y no ocultar tus emociones, sino mostrar cómo es que los procesas para que tu peque pueda aprender a hacerlo de la misma manera, lo pueden acompañar de escritura, recortes, dibujos, respiraciones, etc. Ve a tu ritmo y verás cómo no solamente mejorarás la relación con tu hijo e hija sino que incluso podrás perdonar muchos procesos y la relación contigo misma.

ico nancy
Escrito por:
21 de abril de 2026

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