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¿Cómo hablar con los adolescentes de drogas y alcohol?

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Hablar con los adolescentes muchas veces nos resulta un tema difícil; esto puede deberse a que las dinámicas han cambiado, es decir, la forma de relacionarse es diferente. Normalmente cuando nuestros hijos son más pequeños, ellos llevan a cabo nuestras instrucciones o consejos sin mayor problema u objeción; ahora han aprendido más del mundo y su opinión se ha nutrido de diferentes puntos de vista. Es completamente normal que todo lo que les digamos sea puesto en tela de juicio o pueda sonarles a sermón, sobre todo si se trata un tema como las drogas y el alcohol. Entonces ¿Cómo hablar con los adolescentes de este tema? Bueno aquí te compartimos algunos puntos que te recomendamos tomar en cuenta al momento de hacerlo.

1. Buscar teoría e información: Siempre de fuentes confiables.

Muchas veces deseamos hablar con nuestros hijos desde nuestra experiencia y aunque es algo completamente válido puesto que deseamos no cometan nuestros mismos errores, lo ideal es combinar esta experiencia con teoría. De esta manera tu discurso estará nutrido no solamente por un discurso de protección o moral, sino por ciencia, que respalda dicha preocupación  y de esta forma compartirle a tu hijo mucha información a la que tal vez no tenía acceso. Entonces, manos a la obra.

Busca sobre todo en fuentes confiables, como revistas de ciencia, algunos nombres que te recomendamos son las siguientes: Scielo, Redalyc, Dialnet, la Biblioteca Digital de la UNAM. Claro que también puedes encontrar buena información en otras revistas científicas. Siempre que desees saber si una fuente es confiable, puedes acudir a revisar si está respaldado por alguna universidad u asociación, busca el año en que fue realizado, intenta hacer una búsqueda de artículos con cinco años de antigüedad o máximo diez, pues la información constantemente se modifica. Cuida que sean textos que no reflejen una posición política o religiosa, debido a que muchas veces la información no está escrita tal cual se encontró; esto pudiera colaborar a que tu hijo retome la información que le brindas como una cuestión moral y no referente a una realidad que pone en riesgo su salud.

Te recomendamos buscar investigaciones tanto a nivel social como de efectos corporales. Incluso indagar un poco de historia, puedes encontrar datos muy curiosos e interesantes sobre los tiempos en los que se prohibió el alcohol, la marihuana, las razones políticas, etc. Todo lo que encuentres es un paso para poder acercarte a tu hijo.

En este sentido hay que entender a las drogas como sustancias que actúan en nuestro sistema nervioso. Que pueden estar divididas en legales como ilegales, lo cual puede variar de país en país. Recordemos que el alcohol también vale como una droga, así como el tabaco, pero ambas son muy aceptadas en la sociedad. Incluso son un motor importante para la economía. Normalmente el sabor de estos dos no son tan aceptados en un primer encuentro, suelen ser amargos, pero son consumidos con el tiempo, en su mayoría como producto de la interacción social, la pertenencia e incluso el deseo de explorar, la curiosidad, así como por tomarle un gusto al sabor o bien por el deseo a escapar de la realidad, etc.

2. Establece una postura coherente

Una vez que hayas obtenido mucha  información acerca de estas sustancias, puedes preguntarte qué opinas en general sobre todo lo que encontraste, no tanto si deseas o no que tú hijo las consuma, seguro tu respuesta será que no; pero analiza qué piensas de ellas: contenido, peligros, porqué son consumidas, etc. para que con la información y tu análisis sea algo que durante la charla compartirás con tu hijo, por lo que debe ir en concordancia con tu actuar.

Si lo consideras como algo que puede matar, que prácticamente no debería existir, pues no sería coherente que te vieran tomando cada fin de semana varias cervezas.

Se trata de tener esta apertura a comprender que sí queremos que nos escuchen,  y establecer reglas generales, debiendo poner el ejemplo como padres.

3. Sé sincero y directo.

Cuando un adolescente está escuchando tu discurso, ya tiene una idea de a dónde quieres dirigirte. No tengas temor de ser sincero. Háblale de porqué deseas hablar de este tema y en ese momento. Tal vez viste algo, tal vez habías estado esperando a que cumpliera tal edad o escuchaste que algunos de sus compañeros lo hacen, sea cual sea tu razón compártela.

También puedes hablar de tu sentir, de los nervios que te provocaba hablar de este tema con él, de lo que has hecho para poder tener una charla sobre esto. Que deseas ser un apoyo y que no sea un simple sermón, del que quiera escapar en cuanto pueda. Pídele incluso un tiempo específico. Pregúntale sus horarios y acuerden. Puedes preparar algo de comer o algo de tomar, siempre el ambiente te permitirá crear un ambiente de confianza.

Te recomendamos evitar utilizar momentos en los que no se encuentren de buen humor o en los que pareciera que tú impones el momento para charlar. Dale voz.

4. Siempre desde la escucha.

Antes de iniciar a compartirle todos los datos que encontraste puedes pedirle que te diga qué piensa, pregúntale si en algún momento cree que tal vez podría hacerlo. Aunque es posible que inicie con un discurso corto o en el que aunque ya lo haya hecho, pero con tal no decepcionarte, no te lo diga. Si guías la charla a una escucha pacífica y de genuina idea por ayudar, como si fueran amigos, irás aprendiendo de todo lo que sabe. Por ejemplo cuál fue su primer encuentro con esto, qué tipo de drogas ha visto, etc. No presiones con que te de nombres de qué amigos lo hacen o no, esto puede romper todo lo que has construído.

Puedes explicar en medio de esa charla, que aunque no estás en acuerdo, tampoco lo dejarás de lado o tu cariño  disminuirá si lo ha hecho. Intenta no ofender a las personas que las consumen, ya sea alcohol, tabaco u otra sustancia, ya que estarás emitiendo juicios de valor, una cuestión moral que puede incomodar a tu hijo. Imagina que le mencionas que lo seguirás amando aunque te cuente eso, está a punto de hacerlo, pero entonces se te escapa un comentario como por ejemplo «las personas que toman alcohol son tontas o en su mayoría terminan sin futuro» o algo parecido, evidentemente si estaba a punto de compartirte sus experiencias, se sentirá con temor. En esta charla puedes contarle la búsqueda que hiciste y los datos que encontraste, céntrate en eso. Verás que poco a poco te irá contando o mínimo abrirá un espacio de charla a futuro.

5. Expresa tus experiencias, emociones y pensamientos.

Esto va unido al punto anterior, a veces contar nuestras malas experiencias nos es difícil, pero pudiera serle de mucha ayuda a alguien más. Si aún te causa temor el qué pensará de ti, puedes hablarlo desde una experiencia de un amigo que tuviste o modificar algunas cosas pequeñas, sin exaltar las historias más de lo que fueron para asustarlo. Háblale del sentimiento o pensamientos después de lo sucedido, del impacto e importancia de saber actuar frente a las sustancias. También aquí puedes incluir aquello que te preocupa que le suceda.

6. Acuerdos y herramientas.

Dejemos de lado ese tabú de creer que si tocamos el tema, ahora le dará curiosidad. No es así, este tipo de charlas pueden ser preventivas y ayudar mucho al desarrollo de los adolescentes. Antes de cerrar la charla, pregúntale qué piensa, tanto de la plática como del tema. Hablen de acuerdos. Si por ejemplo, durante la charla llegaron a la idea de que en el momento en que tome alcohol, lo ideal sería tomar pero con medida , es válido, entonces establezcan acuerdos, con la teoría y con su cuerpo: Cómo se dará cuenta de que es la medida indicada para estar bien y no sobrecargar a su cuerpo. Cómo se dará cuenta de que algo no anda bien.

Es el momento también de tender la mano, establecer que lo único que deseas es que si en algún momento, que esperemos  no suceda, algo llega a salir mal, toma de más, alguien le coloca alguna droga sin darse cuenta, que si uno de sus amigos está en mal estado, que si su amigo esta alcoholizado y será el que conducirá o algún otro escenario incluso fuera de las drogas, al primero que puede llamar es a ti. Que le creerás e iras por él o ella. No se trata de consentirlos, sino más bien de evitar accidentes más graves. Es evidente que será bajo situaciones muy específicas, donde la idea es que se sepa cuidar de sí mismo pero que si algo sale mal, ahí estarás. No prometas tal vez que no te enojarás o no habrá consecuencias, pero sí que tu cariño no se pondrá en juego. Que lo fundamental es su protección.

Esta charla, tal vez no sea tan agradable o quizá sí, solo lo sabrás llevándola acabo; pero seguramente tomando en cuenta algunos de estos puntos, te sentirás con mayor confianza para abordar el tema con tus adolescentes. Esperamos que este post sea de mucha ayuda.

 


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