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Crisis de lactancia: qué son y cómo atajarlas

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Las madres atraviesan una serie de dificultades de más o menos calado a la hora de dar el pecho. No solo atañen a cuestiones físicas como las grietas o la obstrucción de conductos, ni tampoco se deben en exclusiva a las actitudes que va tomando el niño ante el pecho, como el rechazo. A veces es el propio entorno el que se muestra poco comprensivo e insta a la madre a deponer los esfuerzos y pasar a la leche de fórmula.

Cada una procederá de la mejor manera siendo realistas con sus circunstancias, pero muchos de los problemas anteriores se pueden resolver con la información necesaria. Por eso organismos como la Asociación Española de Pediatría o la Asociación de lactancia materna Alba se esfuerzan en sus tareas divulgativas.

Entre otras cuestiones, esta última informa sobre las crisis o brotes de crecimiento, una circunstancia frecuente en la lactancia y que angustia a las madres. La producción de leche se regula por la demanda, luego a más demanda, más producción. Pero puede ocurrir que el bebé no parezca satisfecho o que esté incómodo mamando, cuando hasta entonces todo ha ido bien.

¿Se pueden predecir?

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Predecir y saber cómo actuar es no caer en la tentación de suplementar con leche de fórmula desde los primeros meses. Debemos recordar que organismos como la Organización Mundial de la Salud recomienda dar leche materna en exclusiva durante los primeros seis meses, y a partir de ahí mantenerla hasta los dos años o más junto a otros alimentos.

Según la asociación de lactancia materna Alba, los episodios de crisis se producen a una edad similar en la mayoría de los bebés, y esto hace que resulten más fáciles de predecir. La primera se da entre los primeros 17 a 20 días de vida, cuando hasta entonces el bebé había tenido ciclos de comidas y sueño bastante regulares. El niño querrá mamar continuamente, llorará cuando no lo hagan y seguirán mamando pese a regurgitar leche, como principales indicativos.

A las seis o siete semanas se puede producir otra caracterizada por un aumento en la necesidad de leche, lo que obligará a incrementar el número de tomas y que se comporte de un modo inquieto cuando está mamando: da tirones, llora, está tenso, etc.

Pero quizás la crisis de más calado sea la que se produce a los tres meses por dos motivos: puede tardar un mes en superarse, y coincide con el momento en el que muchas madres dejan de dar el pecho. Los motivos para dejar de hacerlo varían, pero esta crisis suele estar entre los principales: el bebé no pide el pecho con tanta frecuencia, pone menos peso y se distrae con mucha facilidad cuando está mamando, lo que convierte las tomas en un lío.

Más adelante, al año y a los dos años, también pueden producirse crisis. Sin embargo, atendiendo a los datos, con esas edades serán minoría las madres que hayan continuado con la lactancia materna. No significa que no se daban solucionar, pero no es una etapa tan crítica.

Consejos ante una crisis de lactancia

Cada una de las crisis mencionadas llevarán aparejadas un comportamiento, y en todos los casos hay soluciones. Las crisis son pasajeras, y se van tal y como vienen aunque generen muchas angustias y sobreesfuerzos por el camino.

Una de las más delicadas, decíamos, es la de los tres meses. En cualquier otra, pero especialmente en esa, será recomendable el uso de una mecedora de lactancia que ayude a que el niño se tranquilice. Puedes usarla en un lugar en silencio y en penumbra, lo que evitará que los estímulos externos acaparen la atención del niño. En esta etapa se producen cambios de calado en el cerebro, lo que explica que aumente su curiosidad y muestran un comportamiento más irregular.

Conviene no esperar a que el niño llore para intentar darle el pecho, pues para entonces presentará señales de desesperación. Se debe intentar antes, pero buscando el equilibrio entre alimentarse correctamente y saciarle e insistir con excesiva vehemencia. Si se le fuerza, acabará sintiendo rechazo y se empeorará la situación.

El consejo más obvio que podemos darte, que es a la vez el más importante y el más difícil de seguir, es que tengas mucha paciencia. La lactancia materna no es fácil y la mayoría de madres no obtenemos suficiente información, más allá de lo que nos cuenten otras que, aunque útil, puede ser dispar e ir contra nuestros deseos. Repetimos que las crisis son pasajeras y que generarán angustia, pero poniendo en marcha las acciones adecuadas pasará.


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