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¿Cómo le explico a mi hijo que va a ir con el psicólogo?

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Como padres logramos identificar el momento en el que es necesario o pudiera ser beneficioso para nuestros hijos que acudan con un especialista de la salud emocional y mental. Sin embargo, suele ser difícil comunicarlo, ya que aún estamos llenos de información diversa sobre la terapia, en su mayoría errónea, donde se le considera como algo malo. Suele ser relacionado con la idea de que quienes acuden es porque no pueden resolver sus problemas solos, lo que indica poca capacidad, con el hecho de que la familia no aprueba lo que realizan, como si quien acudiera tuviera algo malo, y esta cuestión no puede estar más que errada.

En realidad comunicarle a nuestro hijo un hecho como este no es la verdadera problemática; lo que resulta difícil es darle un significado agradable. Una vez que lo logremos, trabajar en equipo será más sencillo. En este artículo te compartimos algunos pasos que pudieran ayudarte a explicarle a tu hijo que irá al psicólogo, pero aún más importante, que te permitirá dar un mensaje agradable y aumentar la posibilidad de recibir una respuesta positiva.

1. Indagar qué opina

Probablemente este sea el paso que más tiempo te tome debido a que es momento de entablar una charla larga sobre lo que ha escuchado hablar del psicólogo, las experiencias que le han compartido, todos los tabús que existen alrededor de esto. Qué opina de los que acuden y el porqué de su opinión.

Esta charla puede llevarse a cabo en una sola plática o en varias pequeñas. La idea es que puedas también identificar cuál es su postura desde fuera, sin aún meter cuestiones personales.

2. Establezcan un significado sobre ir a terapia

Una vez que ya identificaste las razones por las que no acudiría, de ser que las tenga (porque también existe posibilidad de que te sorprenda e incluso te lo pida en ese momento). En caso de que no se encuentre aún tan convencido, tendrás que contar con información  para poder debatir sus opiniones con otros puntos de vista.

Intenta no imponer tu punto de vista, sino más bien, colócate desde fuera, con la información que tienes y con los hechos que deseas compartir con tu hijo.  Para este paso el pequeño o adolescente pudo ya notar tus intenciones, por lo que es posible que comience a hacer preguntas sobre tu interés con el tema.

Muchas veces mirar de cerca el ejemplo del adulto puede facilitar las cosas, por lo que si te es posible puedes platicar sobre experiencias que conozcas. Cuéntale que has pensado en la posibilidad de que él acuda, pero querías escucharlo antes. Tomar en cuenta su punto de vista, es lo que te dará la oportunidad de dialogar.

3. Qué le gustaría trabajar.

Siguiendo con esta línea de la escucha, es momento de plantear el espacio de la terapia como una oportunidad a trabajar lo que él o ella desee. Independientemente de lo que tú quieras que trabaje. Lo importante es que pueda usar ese espacio para su bienestar. Puedes preguntar qué le agradaría y también pedirle que lo piense a solas. Hacer notar que desde aquí comienzas a darle su privacidad. Posicionarte como un apoyo y no como alguien que lo obliga.

 

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4. Comparte tus preocupaciones y deseos.

Pregúntale si le gustaría escuchar las razones por las cuales consideraste apoyarlo en este paso.

Esta parte puede ir aunada a la anterior, es posible que coincidan en los puntos que creen deberían abordarse en sesión. Entonces puedes expresarlo en caso de ser prudente, pero recuerda mantener siempre un espacio de respeto, que tus palabras sean claras y no se presten a malas interpretaciones.

Jamás mostrar esas áreas de oportunidad como algo que le quita valor o es horrible. Incluso si se es posible habla de los temas desde afuera, no retomes ejemplos de cosas que saber realizo o vivió tu hijo(a) o de personas que aprecia, intenta retomarlo desde un punto neutral, así la conversación será más fluida. Este paso es opcional, muchas veces va retomándose con el tiempo o no resulta ser indispensable.

5. Establece un acuerdo

Una vez que hablen de los pros y miren la posibilidad de hacerlo, hablen de sus temores y cómo podrías ayudarlo. Muchos adolescentes, sobre todo, temen que el psicólogo revele información con los padres; ése es otro mito, ya que el secreto profesional lo impide, a menos claro que su integridad se encuentre en riesgo.

Comprométete a darle privacidad, respetar su proceso y ser un apoyo incondicional. Pide que también haga cierto acuerdo, pero consigo mismo, de intentar utilizar ese espacio para su mejora emocional y personal.


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