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¿Cómo ayudan los peluches al apego y al desarrollo infantil?

Los peluches son un juguete clásico que nunca pasa de moda. Se reinventan año a año con nuevos personajes y nuevas funciones, pero con la función de siempre, la de ofrecer un objeto de tacto suave que ayuda a conocer nuevas texturas y a que los pequeños se relacionen con el mundo.

Para los niños, los peluches y también los muñecos, representan a una cosa viva. Ellos pueden asociarle emociones y sentimientos a esos objetos. Jugar con esos “amigos” les permite explorar sus sentimientos. Es mucho más que el contacto físico, pues se sientan las bases para una mejor comprensión de sí mismos y el mundo que les rodea.

La importancia de los peluches en el desarrollo infantil

Estos objetos de juego, tan suaves al tacto, son un elemento de confort para los niños. De hecho, no solo se sienten protegidos con ellos, sino que pueden servirles como elemento a proteger. Para los niños, a los que el mundo les parece tan grande y tan desconocido, tener un amigo de peluche es un extra de confianza.

Toca ahora reincidir en el aspecto emocional. Los niños aprenden a controlar sus emociones a través de los juegos de rol con sus peluches. De este modo, abren nuevas vías de comunicación, pueden imitar comportamientos de adultos o hermanos mayores con sus peluches y descubren sensaciones tan sorprendentes como el tono de su voz.

Aquí hay que anotar un dato importante, al hablar con los peluches, se potencia el aprendizaje, mejora no solo la comunicación, también la pronunciación. Cuanto más hable un niño, con peluches, con amigos, con sus padres, más autónomo se sentirá.

Otro detalle a reseñar, los peluches ayudan a los niños a convivir con los demás. Las reglas y normas sociales no son fáciles de aprender para los más pequeños. Incluso los adultos tienen dificultad para seguir esos constructos. En este sentido, los peluches y los muñecos son ese simulacro que utilizan los niños para recrear esas situaciones que vivirán más adelante en sus vidas, cuando vayan creciendo.

Los objetos de apego en la crianza

En un apartado diferente merece la pena explicar cómo los peluches pueden ser objetos de apego. Y no solo estos, también las mantas, los trapos o cualquier otro elemento que proporcione al bebé o al niño la misma sensación de seguridad, cariño, confort y protección que ofrecen los padres.

Porque de eso trata el apego, el vínculo afectivo que se establece desde los primeros momentos de vida entre la madre, también el padre, y el recién nacido. El apego contribuye muy positivamente en el desarrollo psicológico y la formación de la personalidad.

Tan importante es esta función vital que muchas cestas de bebé incluyen peluches, muselinas o pequeños elementos similares que actúan como objeto de apego. El establecimiento de este vínculo debe promoverse desde la primera infancia.

En psicología se define objeto de apego, o también transicional, a todo aquel objeto que el pequeño elige libremente y se convierte en un compañero fiel. Lo tiene siempre a la vista, a su alcance, y le acompaña buena parte de su tiempo, incluso fuera de casa.

De este modo, el cariño que se va proyectando hacia él llega a ser infinito, lo que explosiona en un vínculo emocional muy relevante. Pero en realidad, este objeto, que a menudo es un peluche, lo que muestra es el cariño del bebé a sus padres y a sus seres queridos, esa expresión en el máximo estatus de confort y protección.

Los peluches en tutete expresan muy bien todo eso que se espera de un objeto de apego, pues son agradables, con texturas blandas y suaves. Además, algunos de estos modelos incluso contienen caja musical, lo que supone un extra para su desarrollo y la capacidad receptora de sonidos.

Todos los niños tienen peluche, pero no todos tienen objeto de apego

Buscar desesperadamente un objeto transicional es algo que no debe preocupar a los padres. Quizás su bebé no necesite de esta práctica, pues encuentra el cariño y el confort en las relaciones con sus cuidadores.

Por lo general, los objetos de apego aparecen en la vida de los pequeños a los cuatro o seis meses de edad, y se mantienen hasta que cumplen de tres a cuatro años. Los peluches, como sabemos, son mucho más que simples elementos transicionales.

Aunque a medida que crecen los niños, ya no sienten la necesidad imperante de jugar con sus peluches, estos objetos siempre están presentes, porque su apoyo en el desarrollo va mucho más allá. Hasta los adultos usan peluches por su textura suave y el componente emotivo y nostálgico. Por ello, los peluches son mucho más que objetos de apego, pero es indudable que existen pocos elementos más eficaces en esa tarea que estos juguetes.


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